viernes, 7 de marzo de 2014

Bella...

Cuando vas a un sitio intentando superar baches de tu vida no tienes muchas esperanzas en que ese viaje vaya a cambiarte la vida ni por minutos. Por eso lo mejor es dejarse llevar.
Antes intentaba pensar en momentos con mis amigos y casi no tenia ninguno en especial, ahora tengo miles.

Italia, era el destino pero lo que ninguno sabíamos es que nos marcaría la vida para los restos.
Cuando estas tan lejos de tu familia sin apenas comunicación con ellos no existen amigos ni enemigos, todos somos una piña que era el objetivo de este viaje.

Siempre había pensado que Italia al ser mediterránea tenia nuestra misma cultura, que seriamos muy parecidos por lo que realmente nunca me había llamado la atención, pero he aprendido que todo tiene su encanto especial. Cuando escuchas por primera vez ese sonido con el que pronuncian esa s tan sensual, esa t tan marcada, el corazón se abre.

Italia, que bien suena y cuanto lo echo de menos, tierra de sabores, olores, sonidos, sensaciones que se escriben solas, lo relaciono mucho con Bajo el sol de la Toscana.

He estado viajando por casi todo el norte de Italia: Milán, Verona, Ferrara, Padua, Venecia, Burano y Murano. 6 días inolvidables que repetiría encantada cuando sea.

Cuando estas fuera te presentas ante situaciones de lo mas disparatadas (seguratas vigilandote como si estuvieras en Alcatraz, alcohol a escondidas, correr por los pasillos a media noche, teléfonos sonando toda la noche, estar perdida por una ciudad que no conoces al anochecer, estar bajo las estrellas mas bonitas con la persona indicada, etc..) pero no cambiaría ninguna de ellas.

El italiano me ha sorprendido bastante y con mi mini diccionario por todos lados y la cámara, no pasaba por otra cosa que no fuera turista.
Pero el tópico es cierto, muy cierto, los italianos guapísimos. Yo iba superando algo y buscando al que llaman Romeo, oh Romeo Romeo.. y me he traído un español.

He hecho amistades en todas partes, me llevo amigos que he conocido en el avión, Milán, Padua, Verona, Venecia...

Milán, capital de la moda y coincidí con la semana de la moda allí, que tengo que decir que me decepcionó un poco porque no es como nos lo pintan y por lo que he visto, las colecciones no son de las mejores tampoco. La sorpresa llega cuando te plantas delante del Duomo y lo mínimo que puedes hacer es admirarlo. De casualidad salí y todo en una revista italiana, ole yo.


Verona, la ciudad del amor por Shakespeare ¿verdad o mentira? A esta pregunta aún no se le ha encontrado respuesta, opiniones de todos los gustos. Tenía la ilusión de ir a la casa de Julieta y también me decepcionó hasta que conoces la plaza de los puestos, la orilla del río, subes al mirador y ves Verona como la veía Shakespeare.

Ferrara, no parece nada especial pero valen más lo que vivimos allí. Es complicado imaginarse a 90 personas tirándose al suelo a la vez y así dejamos nuestra marca allí.

Padua, la definiría como mágica y espiritual, y por cierto los milagros de San Antonio de Padua se cumplen, comprobado. De como un grupo de 6 amigos terminan perdidos comprando anís creyendo que era ginebra, Iphone en la fuente y mucha mucha risa.

Venecia, con decir carnaval sobran las palabras pero hasta que lo llegas a vivir no puedes decir que sepas lo que es, sin duda la gente más amable y servicial, paseo en góndola obligatorio. Sentarse a la orilla del gran canal en el barrio universitario con un helado en la mano y un sol que roza la piel.









xoxo.
Noe.







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